viernes, 9 de febrero de 2018

El amor al placer

                    El amor al placer


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La juventud es el momento en que nuestras pasiones son más intensas; y, como hijos revoltosos, gritan más fuerte pidiendo que se les deje vía libre. La juventud es el momento en que generalmente tenemos más fuerza y salud, parece que la muerte es más lejana y que disfrutar de esta vida lo es todo. La juventud es el momento en que la mayoría de las personas tienen escasas preocupaciones y angustias terrenales que ocupen su atención. Y todas estas cosas contribuyen a que los jóvenes no piensen en cualquier otra cosa más que en el placer. “Sirvo a los deseos y placeres”, esa es la verdadera respuesta que debieran dar muchos jóvenes si se les preguntara: “¿A quién sirves?”.


Joven, me faltaría tiempo para contarte todos los frutos que produce este amor al placer y todas las formas en que puede dañarte. ¿Para qué hablar de las juergas, las fiestas, la bebida, el juego, el teatro, el baile y cosas semejantes? Pocos hay que no sepan de estas cosas por amarga experiencia. Y estos solo son ejemplos. Todas las cosas que producen una sensación de emoción momentánea, todo aquello que ahoga el pensamiento y mantiene a la mente en un torbellino constante, todo lo que agrada a los sentidos y es grato a la carne, esta es la clase de cosas que tienen un gran dominio en este momento de tu vida, y su poder procede del amor al placer. Mantente en guardia. No seas como aquellos de los que habla Pablo: “Amadores de los deleites más que de Dios” (2 Timoteo 3:4).


Recuerda lo que digo: si te aferras a los placeres terrenales, estas son las cosas que matan almas. No hay manera más segura de cauterizar la conciencia y tener un corazón duro e impenitente que ceder a los deseos de la carne y de la mente. No parece nada al principio, pero a la larga se note.


Considera lo que dice Pedro: “Que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma” (1 Pedro 2:11). Destruyen la paz del alma, minan su fuerza, la llevan cautiva y la esclavizan.


Considera lo que dice Pablo: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros” (Colosenses 3:5). “Los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gálatas 5:24). “Golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre” (1 Corintios 9:27). En un tiempo el cuerpo fue la mansión perfecta del alma; ahora está completamente corrompido y desordenado y exige vigilancia continua. Es una carga para el alma; no un buen acompañante sino un estorbo, no una ayuda. Puede convertirse en un siervo útil, pero siempre es un mal amo.


Considera nuevamente las palabras de Pablo: “Vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne” (Romanos 13:14). “Estas —dice Leighton—son las palabras cuya lectura afectó tanto a S. Agustín que, de ser un joven licencioso, pasó a ser un fiel siervo de Jesucristo”. Joven, deseo que este sea tu caso.


Recuerda nuevamente, que si te aferras a los placeres terrenales, todos son insatisfactorios, vacíos y vanos. Como las langostas de la visión que tenemos en el Apocalipsis, parecen tener coronas en sus cabezas; pero, como esas mismas langostas, descubrirás que tienen aguijones, verdaderos aguijones, en sus colas. No es oro todo lo que reluce. No es bueno todo lo que sabe dulce. No es un placer verdadero todo lo que complace momentáneamente.


Ve y tomo tu porción de placeres terrenales si así lo deseas; tu corazón jamás quedará satisfecho con ellos. Siempre habrá una voz en tu interior que clama, como las hijas de la sanguijuela de Proverbios: “¡Dame! ¡Dame!”. Hay un hueco que solo Dios puede llenar. Descubrirás, como hizo Salomón por experiencia, que los placeres terrenales no son más que un vano espectáculo; vanidad y aflicción de espíritu; sepulcros blanqueados, hermosos a la vista por fuera pero llenos de cenizas y corrupción. Mejor ser sabio a tiempo. Mejor escribir “veneno”en todos los placeres terrenales. El más legítimo de ellos debe utilizarse con moderación. Todos ellos destruyen el alma si les entregas tu corazón5.


Y aquí no tengo reparo en advertir a todos los jóvenes que deben recordar el séptimo mandamiento y cuidarse de todo adulterio, de toda fornicación e impureza de cualquier tipo. Me temo que a menudo falta franqueza al hablar de esta parte de la Ley de Dios. Pero cuando veo cómo han tratado esta cuestión los profetas y los apóstoles; cuando observo la claridad con que la denuncian los propios reformadores de nuestra Iglesia; cuando veo el número de jóvenes que siguen los pasos de Rubén, Ofni, Finees y Amnón; no puedo callarme y tener la conciencia tranquila. Dudo que el mundo sea mejor por el excesivo silencio que rodea a este mandamiento. En lo que a µi concierne, creo que sería una falsa delicadeza y contraria a la Escritura el dirigirse a los jóvenes sin hablar de lo que es “el pecado del joven por excelencia”.


El quebrantamiento del séptimo mandamiento es el pecado que, como dice Oseas, “[quita] el juicio” más que ningún otro (Oseas 4:11). Es el pecado que deja cicatrices mæás profundas en el alma que cualquier otro que cometa el hombre. Es un pecado que mata a miles en todas las épocas y que ha derribado a no pocos santos de Dios en el pasado. Lot, Sansón y David son terribles pruebas de ello. Es el pecado al que el hombre se atreve a sonreír y que suaviza con los nombres de diversión, inseguridad, insensatez y desliz esporádico. Pero es el pecado en el que el diablo se regocija particularmente, puesto que él es el “espíritu inmundo”, y es el pecado que Dios abomina particularmente y declara que “juzgará” (Hebreos 13:4).


Joven, “[huye] de la fornicación” (1 Corintios 6:18) si amas la vida. “Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia” (Efesios 5:6). Huye de sus oportunidades, de la campañía de aquellos que pueden inducirte a ella, de los lugares donde puedas ser tentado a ella. Lee lo que dice nuestro Señor acerca de ella en Mateo 5:28. Sé como el santo Job: “[Haz] pacto con [tus] ojos” (Job 31:1). Evita hablar de ella. Es una de las cosas que no deben nombrarse siquiera. No se puede jugar con brea sin mancharse. Evita los pensamientosrelacionados con ella: resístelos, mortifícalos, ora contra ellos, haz cualquier sacrificio antes que ceder. La imaginación es a menudo el caldo de cultivo donde germina el pecado. Vigila tus pensamientos y habrá poco que temer en cuanto a tus actos.


Extracto de “Pensamientos para jóvenes” por J.C. Ryle. 

sábado, 25 de febrero de 2017

"El impío es derribado por su maldad, pero el justo tiene un refugio cuando muere" Proverbios 14:32


Todos tenemos que morir, pero hay una inmensa diferencia entre la muerte del justo y la del impío. Esta diferencia no siempre puede discernirse a simplie vista, pero es real y muy amplia, tanto como la distancia que separa el Cielo del infierno. El impio es "... echado fuera del mundo" (Job 18:18), que es donde está su porción, y todas sus esperanzas se circunscriben a un espacio de pura desgracia y de desesperación permanente. Vivió en pecado y muere en él, y sus errores yacen a su lado en el polvo y son el alimento eterno para el gusano que nunca morirá y combustible para el fuego que nunca se apagará (Is. 66:24). Aunque muera tan tranquilo como un corderito, eso no disminuye su desgracia, sino que solo la suspende durante unos momentos; aunque alimente hasta el final su mente vana con la esperanza de ir al Cielo, sin embargo muere en una angustia sin esperanza.
"Pero el justo tiene un refugio cuando muere". El justo cree en Cristo y no muere en sus pecados (Jn 8:24). Su muerte es la destrucción del pecado, que tantos problemas le dio a la largo de su vida. Deja este mundo y su propio cuerpo, pero va a un lugar mejor, donde estará ausente del cuerpo y presente al Señor (2 Co. 5:8). Su muerte está llena de esperanza porque sabe que va a estar con Cristo, lo cual es mucho mejor que las mejores cosas que pudiera esperar o desear en la tierra (Fil. 1:23). Sus esperanzas pueden ser debiles y lánguidas, pero sigue teniendo tanta confianza en Cristo como para poner el alma en sus manos; y si su fe se mezcla con temores, estos se desvanecerán como una nube fina, y las ansiedades que le acosen cuando esté abandonando su cuerpo aumentarán el gozo triunfante que sentirá cuando los ángeles aparezcan para conducir su alma a esas regiones donde el temor y el dolor desaparecen para siempre. El impío ve la muerte como una sierva sombría enviada para arrestarle por sus delitos; pero para los creyentes es como los carros de José que llegaron para conducir a Jacob hasta donde se encontraba su hijo más querido.
Los impíos son desdichados a lo largo de la vida, porque no hay más que un paso entre ellos y el rey de los terrores. Los justos gozan de bendición en sus vidas porque su salvación está más cerca cada día (Ro. 13:11). En su muerte reciben mucha bendición, porque para ellos el morir es Cristo (Fil. 1:21). Ahora son salvos en esperanza (Ro. 8:24), y después morirán en ella y disfrutarán durante toda la eternidad de aquello que aguardaron con esperanza.   

Comentario a Proverbios. George Lawson.

martes, 17 de mayo de 2016

La oración y los puritanos

Dr. Joel Beeke
1. Los puritanos son hoy famosos por la importancia que daban a la adoración corporativa y la familiar. ¿Habrían integrado también la adoración privada (o los devocionales personales) en sus vidas? ¿En qué habría consistido esa adoración?

Los puritanos consideraban los devocionales personales como la raíz de la adoración familiar y pública. El Manual para la adoración familiar comienza, de hecho, recomendando la «adoración secreta» como «lo más necesario» cuando cada individuo se dedica a «la oración y la meditación» como medio especial de «comunión con Dios». Pastores y padres —afirmaba— deberían exhortar «a todo tipo de personas a realizar este deber por la mañana y por la noche».
Los elementos principales de los devocionales personales son la meditación en la palabra y la oración a Dios. La meditación alimenta el alma con la Palabra para el servicio diario a Dios. Thomas Manton declaró: «Aquel que trabaja debe tomar sus comidas, de otro modo se desmayaría. Los fuegos pintados no necesitan combustibles». Y John Cotton dijo: «Aliméntate de la Palabra y esto hará que te regocijes [o nos regocijemos] en la Palabra».
2. Matthew Henry escribió un libro muy popular sobre la oración y, entre sus primeras directrices, encontramos: «Empieza cada día con Dios». ¿Qué habrían dicho los puritanos si alguien les hubiera sugerido que la Biblia no ordena devocionales diarios ni una adoración privada diaria?
Mantón afirmó: «aunque no existe una norma expresa establecida de forma particular en cuanto a la frecuencia con la que deberíamos estar con Dios», los mandamientos y las llamadas de Dios a la oración «son muy extensas». Señaló que la Palabra nos ordena «orar sin cesar» (1 Ts. 5.17) y «orar en todo tiempo» (Ef. 6:18). Esto implica un hábito continuo de oración y, también tiempos que se dedican especialmente a la oración. Nos ofreció los ejemplos de David (Sal. 55:17) y de Daniel (Dn. 6:10); ambos oraban tres veces al día. Es verdad que podemos elevar oraciones repentinas (Neh. 2:4) en medio de nuestro trabajo ordinario. Pero también debemos «luchar» en oración (Ro. 15:30), lo que implica un tiempo más extenso dedicado de forma exclusiva a la oración. Algunos de esos tiempos más largos son con la familia o con la iglesia, pero Cristo nos enseñó de manera específica a orar a solas en un lugar secreto (Mt. 6:6), y, en ese mismo contexto, a orar «cada día» (Mt. 6:11). No deberíamos considerar la oración como un mero deber religioso, y preguntar: «¿Con cuánta frecuencia tengo que hacerlo?». En vez de ello, Manton afirmó que la oración es la conversación de «un alma amante con Dios», y «los actos de amistad y comunión no deberían ser escasos y poco frecuentes, sino constantes y a menudo». Escribió: «Si sentimos amor por Dios, no podremos pasar mucho tiempo fuera de su compañía, sino que estaremos junto a él, derramándole nuestro corazón».
3. En el mundo cristiano se ha hablado mucho, recientemente, sobre la importancia de orar las Escrituras. Con todo, los puritanos ya lo hacían hace siglos. ¿Cómo y por qué usaban las Escrituras para orar?

La Reforma no fue tan solo un regreso a la doctrina bíblica, sino también un retorno a la espiritualidad bíblica. Un erudito escribe: «Para Lutero, la reforma consistía en cómo ora la iglesia».
Lutero alentó a las personas a dejar atrás la preocupación medieval de los santos y las vanas repeticiones en la oración y de regresar a las simples y sentidas oraciones basadas en los Salmos y en el Padrenuestro. A medida que la Reforma siguió adelante con hombres como Juan Calvino y los puritanos, Dios renovó el interés de permitir que la Palabra de Dios dirigiera la forma de orar y el contenido de la plegaria.
Las oraciones de los puritanos salían de corazones saturados de Escritura. Se deleitaban especialmente en convertir las promesas en oraciones. William Gurnall declaró: «La oración no es sino la promesa invertida». Asimismo afirmó: «Cuanto más poderoso es uno en la Palabra, más poderoso será en la oración». Este patrón de orar las Escrituras culminó en el libro de Matthew Henry, A Method for Prayer [Método para orar], donde recoge centenares de versículos bajo distintos encabezamientos para dirigir al cristiano en oración.

El Dr. Joel R. Beeke es presidente y catedrático de Teología Sistemática y Homilética en el Seminario Teológico Puritano Reformado, y pastor de la Heritage Netherlands Reformed Congregation de Grand Rapids, Michigan. Gracias al Rvdo. Paul Smalley por su ayuda en la investigación para este artículo.
Publicado en Reflexiones con permiso de Banner of Sovereign Grace Truth. Traducción de IBRNJ. Todos los derechos reservados. © 2014 IBRNJ. 
Usado con permiso de IBRNJ

martes, 10 de mayo de 2016

La adoración familiar y la santidad entre los puritanos

Una entrevista por Tim Challies
1. Cuando se oye hablar sobre los puritanos, uno imaginaría que eran duros con sus hijos, que los hacían soportar horas interminables de adoración familiar. ¿Es esto cierto?
Interminables horas de adoración familiar habría sido algo del todo imposible para la mayoría de las personas del siglo XVII. En la Nueva Inglaterra de los puritanos, muchos eran agricultores que tenían que trabajar duro para producir su alimento. Los niños también tenían mucho que hacer en la escuela, en las tareas del hogar, y trabajando junto a sus padres y madres a aprender una vocación.1 Los puritanos también se tomaban tiempo para el recreo. Disfrutaban cazando, pescando, en las competiciones de tiro y la lucha libre: dos ministros puritanos de Nueva Inglaterra fueron famosos luchadores amateurs.2 Gozaban con la música en su hogar, y poseían guitarras, clavecines, trompetas, violas, tambores y otros instrumentos.3 De modo que había mucho que hacer; los devocionales familiares eran una parte —desde luego, la más importante— de un apretado programa diario.
Los puritanos tenían por objetivo una instrucción concisa y una oración conmovedora. Samuel Lee escribió que en toda nuestra enseñanza de la familia deberíamos tener cuidado con no aburrir a los niños hablando demasiado. Los extensos devocionales sobrecargan sus pequeñas mentes; es mejor mantener su atención mediante el uso de analogías espirituales con flores, ríos, un campo de trigo, pájaros que cantan, el sol, un arcoíris, etc.4
2. Los puritanos consideraban la adoración familiar como un deber. ¿Se aseguraban los pastores puritanos de que los padres llevaran a cabo este deber? ¿Cómo ayudaban a que las familias hicieran esto bien?
Los puritanos sí se tomaban este deber muy en serio. Por ejemplo, en 1647, la Asamblea General de la Iglesia de Escocia adoptó la Confesión de Fe de Westminster. Tres días antes, habían adoptado
el Directorio para la Adoración Familiar, y habían requerido que los ancianos gobernantes y los ministros disciplinaran a los cabezas de familia que descuidaban la adoración familiar.5
En 1677, la iglesia congregacional de Dorchester, Massachusetts, que era otra rama del puritanismo, pactaron «mantener la adoración a Dios» en sus familias, «educando, instruyendo y encargándoles a nuestros hijos y nuestras familias que guarden los caminos del Señor».6
Los pastores puritanos ayudaron a las familias, en primer lugar, predicando sobre este asunto; segundo, escribiendo libros sobre la adoración familiar y los libros devocionales útiles para la adoración familiar; tercero, escribiendo catecismos simples o fomentando un catecismo oficial; y cuarto, visitando a cada familia de la iglesia y catequizando a los niños. Los padres solían invitar con frecuencia al ministro a comer con la familia. Las visitas pastorales hacían responsables a los padres revelando el nivel de conocimiento de sus hijos y también siendo modelo de lo que la adoración familiar debería ser.7
3. Sé que resulta difícil hablar de promedios, pero tal vez pudiera usted decirnos cómo eran los devocionales de las familias puritanas. ¿Cuánto tiempo les dedicaban y qué era lo que hacían durante ese tiempo?
Los puritanos no estaban demasiado a favor de un forma precisa de adoración, cualquiera que fuera su tipo, sino que establecían principios. Le piden a los padres cristianos que dirijan a sus familias en la práctica diaria de cinco pasos: (1) la lectura de las Escrituras a sus familias; (2) conducir a los hijos en la memorización y la comprensión del catecismo; (2) debatir la verdad bíblica para la edificación de tal manera que cada miembro de la familia pueda formular preguntas y compartir pensamientos; (4) orar juntos; esto incluye reconocer a Dios como Señor y Proveedor de su
familia, confesarle sus pecados a Él, dándole las gracias por sus bendiciones, presentándole sus peticiones por las necesidades y los problemas de la familia, e interceder como familia por los amigos y por la nación; y (5) cantando salmos al Señor.8
Es difícil, por no decir imposible, definir cuánto duraban los devocionales familiares promedio para los puritanos. Sin duda variaba, también según las edades de los niños. Personalmente, recomiendo de cinco a diez minutos por la mañana y entre quince y veinte minutos por la noche. Podrá obtener más detalles prácticos sobre la implementación de los devocionales en mi pequeño libro Family Worship [La adoración familiar].9
4. Usted dice: «Debemos tener cuidado con permitir influencias corruptas en nuestras vidas privadas y en nuestros hogares». ¿Qué tipo de influencias corruptas permitimos en nuestras casas hoy que los puritanos habrían prohibido?
Los puritanos se habrían preocupado más por el contenido de los medios informativos que por la forma de tecnología. El hogar estadounidense medio tiene las puertas abiertas para que los intrusos entren, roben y destruyan los tesoros del alma. Los cristianos deben practicar gran discernimiento para proteger sus hogares contra:
(1) La maldad. Un videojuego reciente ganó mil millones de dólares en las salas en tan solo tres días después de su puesta en el mercado. Obviamente, es algo extraordinariamente popular. ¡El problema es que el juego gira en torno al robo! ¿Y cuántas canciones populares fomentan la fornicación y el adulterio? Quebrantar las leyes de Dios es un tema muy serio. ¿Te estás entreteniendo con las cosas que Dios odia?
(2) La mundanalidad. Puede ser un rechazo abierto a Dios, una vida crudamente inmoral, o de patente conformidad con la cultura popular. Pero podría tratarse de algo mucho más sutil. La mundanalidad no es amor ni está gobernada por el amor hacia Dios. Podría agradar a aquellos que ignoran a Dios, procurando la prosperidad física por encima de la santidad espiritual, valorando las ganancias temporales más que las glorias eternas, viviendo para ir hacia adelante en lugar de ir hacia arriba, o caminar en el orgullo en vez de la humildad. En resumen, es su corrupta naturaleza humana sin Dios. Alguien de este mundo está controlado por lo que los puritanos llamaban la trinidad de este mundo: la búsqueda de los placeres, de la ganancia y de la posición. Los puritanos se preguntarían ante cualquier actividad: ¿Ayuda esto a que mi familia ame más a Cristo, a que odie más el pecado y a caminar más por el camino de santidad del Rey?
(3) La ligereza. La vida tiene momentos ligeros en los que todos rompemos a reír, pero la ligereza (o frivolidad) consiste en utilizar el humor y la diversión para mantener las gravosas realidades fuera de nuestra mente. Vivimos en una cultura que intenta convertir la vida en una «Comedia Central». La tragedia es que nos aparta del gozo desbordante que Dios da a través de una seria consideración de la verdad del evangelio. ¿Estás dirigiendo a tu familia a llenar sus mentes con distracciones o con la esperanza de Cristo?
Los puritanos nos preguntarían hoy, no guiados por el legalismo sino llevados por el celo del bienestar de las almas de nuestra familia: ¿Qué estamos introduciendo en nuestros hogares mediante la música que escuchamos, los chistes o las historias que contamos, los libros y las revistas que leemos, las imágenes que colgamos en la pared o que dejamos aparecer en nuestras pantallas, y los juegos y deportes a los que jugamos o que miramos? Lee Filipenses 4.8, y haz un inventario.
Notas:
1. Edmund S. Morgan, The Puritan Family: Religion and Domestic Relations in Seventeenth Century New England, nueva edición (Nueva York: Harper and Row, 1966), 66-68.
2. Bruce C. Daniels, Puritans at Play: Leisure and Recreation in Colonial New England, Tenth Anniversary Edition (Nueva York: Palgrave Macmillan, 2005) 166-72.
3. Daniels, Puritans at Play, 57.
4. Samuel Lee, «What Means May Be Used towards the Conversion of Our Carnal Relations¿» en Puritan Sermons 1659-1689 (Wheaton, Ill.: Richard Owen Roberts, 1981), 1:150.
5. Act for Observing the Directions of the General Assembly for Secret and Private Worship, and Mutual Edification; and Censuring Such as Neglect Family-Worship [Acta para observar las directrices de la Asamblea General para la adoración privada y secreta, y la mutua edificación; y censura como el descuido de la adoración familiar], 24 de agosto de 1647, en Westminster confession of Faith (Glasgow: Free Presbyterian Publications, 1994), 418.
6. Citado en Leland Ryken, Wordly Saints: The Puritans As They Really Were (Grand Rapids: Academic Books, 1986), 80.
7. Richard Baxter, The Reformed Pastor, ed. William Brown (Edimburgo: Banner of Truth, 1974), 172-256.
8. Directory for Family-Worship, en Westminster Confession of Faith, 419; Matthew Henry, «A Church in the House», en The Complete Works of the Rev. Matthew Henry (1855; reed., Grand Rapids: Baker, 1979), 1:251-57.
9. Joel R. Beeke, Family Worship (Grand Rapids: Reformation Heritage Books, 2009).
El Dr. Joel R. Beeke es presidente y catedrático de Teología Sistemática y Homilética en el Seminario Teológico Reformado Puritano, y pastor de la Heritage Netherlands Reformed Congregation of Grand Rapids, Michigan.
Tim Challies entrevistó a nuestro editor [Dr. Joel Beeke, de la revista Banner of Sovereign Grace Truth] durante un periodo de ocho semanas sobre los ocho capítulos finales de A Puritan Theology: Doctrine for Life [La teología puritana: Doctrina para toda la vida], y añadió estos artículos en el blog de Challies. Los estamos editando en esta revista con su permiso. Los ocho artículos tratan en exclusiva la forma en que los puritanos pusieron la teología en práctica. Este artículo se ocupa de la adoración familiar y la santidad en el pensamiento puritano.
Publicado en Reflexiones con permiso de Banner of Sovereign Grace Truth. Traducción de IBRNJ, todos los derechos reservados © 2014

Usado con Permiso de IBRNJ.

viernes, 22 de abril de 2016

Un remedio para la religión decadente


Descripción: 1057oliver-heywood Oliver Heywood
Por amor a ustedes, queridos amigos, me atrevo a aparecer de nuevo en público para ser su monitor fiel1 para impulsarlos hacia su deber y fomentar la obra de Dios en sus almas y la adoración de Dios en sus familias. Y no sé cómo puede emplear un ministro su nombre, sus estudios y su pluma de mejor manera (aparte de la convicción y la conversión de almas particulares), que imponiendo sobre los cabezas de familia que se ocupen de las almas que estén a su cargo. Esto tiene una tendencia directa a la reforma pública. La religión empieza en los individuos y se transmite a sus parientes, y las esferas relacionales menores componen una entidad mayor: las iglesias y las mancomunidades están formadas por familias. Existe una queja general por la decadencia del poder de la piedad y la inundación2 de las cosas profanas,3 y con razón. No conozco mejor remedio que la piedad doméstica:4 Si los gobernadores enseñaran a sus subalternos mediante consejos y ejemplos, les desagradaran5 las enormidades6 y las restringieran, fomentando con celo la santidad, clamando a Dios en unidad y con fervor, pidiéndole que obrara con eficacia y realizara aquello que ellos no pueden hacer, ¿quién puede decir qué bendita alteración vendría a continuación?
En vano se quejan de magistrados y ministros, mientras ustedes que son padres de familia son infieles a su cometido. Se quejan de que el mundo está en mal estado: ¿Qué hacen ustedes para remediarlo? No se quejen tanto de los demás, sino de ustedes mismos, y no se quejen tanto antes los hombres, sino delante de Dios. Suplíquenle a Dios que haga una reforma, y secunden7 también sus oraciones con ferviente esfuerzo, ocúpense de su propio hogar y actúen para Dios dentro de este ámbito. Conforme vayan teniendo más oportunidad de familiaridad con los que viven dentro de su casa, más autoridad tendrán sobre ellos porque ellos dependerán de ustedes para que influyan en ellos. Y si no mejoran este talento, tendrán terribles cuentas que rendir, sobre todo cuando sus manos tengan que responder de la sangre de ellos, porque el pecado que cometieron se cargará sobre la negligencia de ustedes.
¡Oh, señores! ¿No han pecado ustedes ya bastante, sino que tienen que acarrear sobre ustedes la culpa de toda su familia? Son ustedes los que hacen que los tiempos sean malos y provocan juicios sobre la nación. ¿Preferirían ver las angustias de sus hijos y oírlos gritar en medio de tormentos infernales, o hablarles una palabra para su instrucción, escucharlos llorar bajo su corrección o suplicarle a Dios por su salvación? ¡Oh crueles tigres y monstruos bárbaros! Tal vez ustedes se imaginan que son cristianos; sin embargo, a mi juicio, un hombre que no mantiene la adoración de Dios como costumbre en su familia no es digno de ser un comulgante8 adecuado de la Santa Cena. Merece amonestación y censura9 por este pecado de omisión así como por los escandalosos pecados de comisión; y es que traiciona su vil hipocresía al pretender ser un santo fuera, cuando es una bestia en su casa. Porque un cristiano bien nacido10 [respeta] todos los mandamientos de Dios. Es de los que son justos delante de Dios y «se conduc[en] intachablemente en todos los mandamientos y preceptos del Señor» (Lc 1:6). Que los otros vayan en medio de la manada de los profanos y que les vaya al final como les va a aquellos, que no se preocupan por su familia o de la piedad familiar. Los que no oran ahora, llorarán más tarde: «Señor, Señor, ábrenos» cuando la puerta se cierre (Mt 25:11). Sí, los que ahora no quieren clamar por un mendrugo de misericordia lo harán en el Infierno por una «gota de agua que calme sus lenguas abrasadas en los tormentos eternos» (cf. Lc 16:22-24). A estos hipócritas que se autodestruyen les recomiendo que consideren seriamente Proverbios 1:24-31; Job 8:13-15; 27:8-10. ¡Oh cuán gran honor que el Rey del Cielo le admita a uno en la cámara de su presencia11 con la familia, dos veces al día para confesar los pecados; pedir perdón y provisiones de misericordia; para darle la gloria por Su bondad, y depositar la carga sobre Él y obtener alivio! Espero que no sean nunca reacios a esto ni se cansen de ello, ¡que Dios no lo permita! El que quiere tener buena salud no se queja a la hora de comer. Reconozcan y observen esos momentos designados para venir a Dios. Si uno promete encontrarse con una persona importante a una hora concreta, cuando el reloj da la hora se levanta, pide perdón y le dice a quien lo acompaña que [alguien] le espera, que debe marcharse. No se tomen más libertad con Dios de la que se tomarían con los hombres y mantengan su corazón continuamente en disposición de hacer su deber.
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Oliver Heywood (1630—1702): Erudito puritano no conformista. Expulsado de su púlpito en 1662 y excomulgado, Heywood predicó principalmente en casas privadas después de la Gran Expulsión.
Notas:
1 Monitor: aquel que advierte de las faltas o informa del deber.
2 Inundación: desbordamiento; abrumador por la abundancia.
3 Profano: desdén o irreverencia hacia lo sagrado; en particular el uso de un lenguaje que implica
falta de respeto hacia Dios.
4 Piedad doméstica: reverencia hacia Dios, amor por Su carácter y obediencia a Su voluntad en el
5 Desagradar: considerar con desfavor.
6 Enormidades: ofensas monstruosas o males; ultrajes.
7 Secundar: apoyar; ayudar.
8 Comulgante: persona que recibe la Santa Cena.
9 Amonestación y censura: advertencia y juicio espiritual por parte de la iglesia.
10 Bien nacido: con buenas maneras y refinado.
11 Cámara de la presencia: la habitación en la que una persona de alcurnia recibe compañía.
Tomado de «The Family Altar» [El altar de la familia], The Works of Oliver Heywood [Las obras de Oliver Heywood], Vol 4, reeditado por Soli Deo Gloria, cortesía de Chapel Library. Traducción al español de IBR, todos los derechos reservados © 2015 IBR.

Usado con permiso.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

HACIENDO CON EL ALMA LO QUE NO HACEMOS CON EL CUERPO

‘El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’. Mateo 4:4

En respuesta a Satanás a su propuesta de convertir todas las piedras en pan para alimentarse, nuestro Señor Jesucristo le responde con estas palabras mostradas en el texto mencionado. Por supuesto que con esta respuesta contundente el Señor no solo le respondía al Diablo sino que arrojaba bastante luz a una de las realidades de la existencia humana y nos dejó ver un principio muy importante para cualquier individuo. Tiene que ver con la realidad que nuestra existencia no se haya reducida al ambiente de lo material y físico sino que cada ser humano tiene otro ámbito en el que desarrolla su vida, a saber, el ámbito espiritual. Él no solo es carne, también es espíritu y ambos ámbitos están presentes en todo su peregrinar en la tierra.
Nuestro Señor Jesús estaba dejando testimonio, entre otras cosas, que el ser humano no debería concentrarse en la provisión de sus necesidades físicas, tan importantes como son, olvidando su necesidad espiritual o en detrimento de ella. Seguramente el pecado dentro de seres físicos hace que olvidemos muchas veces que somos poseedores de un alma, y que así como a nivel de lo material tenemos necesidades básicas que no permiten ser postergadas en sus demandas so pena de morir, también tenemos un conjunto de necesidades profundas en el alma que no podemos olvidar sin perjudicar gravemente nuestro espíritu.
El pan en las Escrituras es una manera de señalar hacia las cosas esenciales y necesarias para la vida. Por ejemplo en Gn.3:19 se le dice al hombre pecador que ‘con el sudor de tu rostro comerás el pan’, lo que quiere decir que a partir del pecado, conseguir lo necesario para vivir le sería pesado al varón. El Salmista puede decir en Sal.37:25 que ha envejecido y ‘no he visto un justo desamparado ni su descendencia que mendigue pan’, lo que nos señala que en su vida nunca vio a un piadoso mendigando por las cosas necesarias para la vida. El Señor Jesús nos enseñó a pedir ‘el pan de cada día’ (Mt.6:11), lo cual quiere decir, todas las cosas necesarias para vivir.
Así, cuando nuestro Señor nos señaló hacia aquella parte de nuestra existencia que solemos olvidar perniciosamente, nos advirtió que también debería ser cuidada y suplida en sus necesidades. Por supuesto que nuestra parte espiritual no puede ser sustentada con alimento físico, pero sí con uno que corresponda adecuadamente a su necesidad. El Señor habló de la Palabra de Dios como ese alimento adecuado, necesario y suficiente que el alma requiere para vivir y seguir viviendo con vigor en su mayor vocación: vivir para la gloria de Dios y su verdadero provecho.
Es una mala señal cuando hacemos con nuestra alma lo que no hacemos con nuestro estómago y una mala evidencia que señala hacia una vida marcada por lo temporal y físico. El Señor quiere que seamos conscientes de lo que por el pecado no vemos y es que necesitamos tanto su Palabra como el alimento diario. Que Su Voz hace parte de las cosas que necesitamos para vivir, que así como buscamos suplir nuestro cuerpo de lo necesario para vivir, deberíamos andar en búsqueda del consejo de las Escrituras Santas para lo mismo. No solo somos cuerpo, somos seres compuestos por una parte material y otra espiritual, de modo que podemos recordarnos siempre que la Palabra que sale de la boca de Dios hace parte de aquello diario que debemos traer sobre nosotros para poder decir de nosotros que estamos vivos. ¿Ya comió hoy? ¿Qué tanto?

miércoles, 28 de octubre de 2015

Todo el Evangelio a Todo el Hombre


[El Siguiente es una cita del Dr. José Grau en su Libro: La Evangelización y la Biblia; Ediciones Evangélica Europeas. Págs. 99 y 100] “Porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios” Hechos 20:27
El pastor bautista Don Vicente Tafalla escribía en la revista “El Eco” ( junio-julio 1968,p.15):
“Adolecemos de no predicar todo el Evangelio a los inconversos. Para hacer esta afirmación tan rotunda me baso en que en nuestro cultos de predicación, en los que invitamos a los inconversos a tomar una decisión respecto a sus almas, les hablamos del pecado que reside en todo ser humano, de la expiación vicaria de Cristo, el arrepentimiento, perdón, justificación, etc., pero ¿les hablamos de lo que viene después?”
El pastor Tafalla se pregunta: ¿Y lo que viene después…? Hablamos poco de lo que viene detrás de toda esta experiencia que llamamos conversión.
Parece -comenta en su reflexión-, como si todo el Evangelio se parase en este punto: como si tendiésemos una trampa al inconverso, llevándole hasta esta experiencia que deseamos sea genuina, pero silenciándole todo lo que un convertido tiene que hacer después. Aunque no lo pensemos, a quizás en el fondo de nuestro subconsciente este la idea de que una vez en ‘el saco’, después ya será más fácil conducirle a que aprenda ‘lo otro’.
He querido subrayar la frase “como si todo el Evangelio se parase en este punto” porque es, justamente, aquí donde a mi parecer se origina este defecto que puede acarrear muy graves consecuencias tanto para el recién convertido como para la vida de la iglesia. El defecto consiste en presentar la conversión como una meta final, en lugar de ponerla como un punto de partida. Volveremos luego sobre ello.
Prosigue el pastor Tafalla:
“ El libro de lo Hechos habla de los primeros convertidos, los primeros añadidos a la Iglesia, y dice: ‘Así que los que recibieron su palabra fueron bautizados y se añadieron aquel día como tres mil personas’, sigue diciendo el texto…Ahora viene “lo de después”: ‘y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión los unos con los otros, en el partimiento del pan y en las oraciones’. Es un bellísimo retrato de la vida íntima de la comunidad cristiana de Jerusalén el presentado aquí por Lucas. Cuatro cosas enumera como características de los nuevos convertido: perseveraban en escuchar y aprender la enseñanza de los apóstoles, en la unión fraterna, en la participación de la Santa Cena y en el culto a Dios mediante la oración. Esto es lo que los convertidos de la iglesia de Jerusalén hacían y creo que todos entendemos que aquella iglesia marca la pauta a seguir. Por tanto, llegamos ahora a una conclusión: esto es lo que todos los convertidos debemos hacer “después”. Ahora te pregunto: si tú hubieras sabido que necesariamente tenías que hacer todo esto, ¿hubieras aceptado la invitación que te hacían para que te convirtieras y fueras cristiano? Quizá quede explicado así que algunos llegan a la conversión…y se quedan ahí toda la vida porque nadie les dijo que lo que “lo que viene después” también es necesario que se haga. Expliquemos TODO a los inconversos e invitemos a que acepten la conversión y las consecuencias lógicas de ser añadidos a la Iglesia. No cabe duda de que la persona que se decida, completamente consiente de lo que hace, será un fiel servidor de Dios a su iglesia.”
Hasta aquí la cita de Vicente Tafalla, que considero muy atinada y muy de actualidad, por cuanto expone un problema que viven muchas iglesias nuestras hoy y que, no obstante demasiado a menudo es silenciado o ignorado, pese a sufrir en la propia carne de nuestra experiencia congregacional todas las tristes consecuencias que comporta.