Dr. Joel Beeke
1. Los puritanos son hoy famosos por la importancia que daban
a la adoración corporativa y la familiar. ¿Habrían integrado también la
adoración privada (o los devocionales personales) en sus vidas? ¿En qué
habría consistido esa adoración?
Los puritanos consideraban los devocionales personales como la raíz de
la adoración familiar y pública. El Manual para la adoración familiar
comienza, de hecho, recomendando la «adoración secreta» como «lo más
necesario» cuando cada individuo se dedica a «la oración y la
meditación» como medio especial de «comunión con Dios». Pastores y
padres —afirmaba— deberían exhortar «a todo tipo de personas a realizar
este deber por la mañana y por la noche».
Los elementos principales de los devocionales personales son la
meditación en la palabra y la oración a Dios. La meditación alimenta el
alma con la Palabra para el servicio diario a Dios. Thomas Manton
declaró: «Aquel que trabaja debe tomar sus comidas, de otro modo se
desmayaría. Los fuegos pintados no necesitan combustibles». Y John
Cotton dijo: «Aliméntate de la Palabra y esto hará que te regocijes [o
nos regocijemos] en la Palabra».
2. Matthew Henry escribió un libro muy popular sobre la
oración y, entre sus primeras directrices, encontramos: «Empieza cada
día con Dios». ¿Qué habrían dicho los puritanos si alguien les hubiera
sugerido que la Biblia no ordena devocionales diarios ni una adoración
privada diaria?
Mantón afirmó: «aunque no existe una norma expresa establecida de
forma particular en cuanto a la frecuencia con la que deberíamos estar
con Dios», los mandamientos y las llamadas de Dios a la oración «son muy
extensas». Señaló que la Palabra nos ordena «orar sin cesar» (1 Ts.
5.17) y «orar en todo tiempo» (Ef. 6:18). Esto implica un hábito
continuo de oración y, también tiempos que se dedican especialmente a la
oración. Nos ofreció los ejemplos de David (Sal. 55:17) y de Daniel
(Dn. 6:10); ambos oraban tres veces al día. Es verdad que podemos elevar
oraciones repentinas (Neh. 2:4) en medio de nuestro trabajo ordinario.
Pero también debemos «luchar» en oración (Ro. 15:30), lo que implica un
tiempo más extenso dedicado de forma exclusiva a la oración. Algunos de
esos tiempos más largos son con la familia o con la iglesia, pero Cristo
nos enseñó de manera específica a orar a solas en un lugar secreto (Mt.
6:6), y, en ese mismo contexto, a orar «cada día» (Mt. 6:11). No
deberíamos considerar la oración como un mero deber religioso, y
preguntar: «¿Con cuánta frecuencia tengo que hacerlo?». En vez de ello,
Manton afirmó que la oración es la conversación de «un alma amante con
Dios», y «los actos de amistad y comunión no deberían ser escasos y poco
frecuentes, sino constantes y a menudo». Escribió: «Si sentimos amor
por Dios, no podremos pasar mucho tiempo fuera de su compañía, sino que
estaremos junto a él, derramándole nuestro corazón».
3. En el mundo cristiano se ha hablado mucho, recientemente,
sobre la importancia de orar las Escrituras. Con todo, los puritanos ya
lo hacían hace siglos. ¿Cómo y por qué usaban las Escrituras para orar?
La Reforma no fue tan solo un regreso a la doctrina bíblica, sino
también un retorno a la espiritualidad bíblica. Un erudito escribe:
«Para Lutero, la reforma consistía en cómo ora la iglesia».
Lutero alentó a las personas a dejar atrás la preocupación medieval de
los santos y las vanas repeticiones en la oración y de regresar a las
simples y sentidas oraciones basadas en los Salmos y en el Padrenuestro.
A medida que la Reforma siguió adelante con hombres como Juan Calvino y
los puritanos, Dios renovó el interés de permitir que la Palabra de
Dios dirigiera la forma de orar y el contenido de la plegaria.
Las oraciones de los puritanos salían de corazones saturados de
Escritura. Se deleitaban especialmente en convertir las promesas en
oraciones. William Gurnall declaró: «La oración no es sino la promesa
invertida». Asimismo afirmó: «Cuanto más poderoso es uno en la Palabra,
más poderoso será en la oración». Este patrón de orar las Escrituras
culminó en el libro de Matthew Henry, A Method for Prayer [Método para
orar], donde recoge centenares de versículos bajo distintos
encabezamientos para dirigir al cristiano en oración.
El Dr. Joel R. Beeke es presidente y catedrático de Teología
Sistemática y Homilética en el Seminario Teológico Puritano Reformado, y
pastor de la Heritage Netherlands Reformed Congregation de Grand
Rapids, Michigan. Gracias al Rvdo. Paul Smalley por su ayuda en la
investigación para este artículo.
Publicado en Reflexiones con permiso de Banner of Sovereign Grace Truth. Traducción de IBRNJ. Todos los derechos reservados. © 2014 IBRNJ.
Usado con permiso de IBRNJ
martes, 17 de mayo de 2016
martes, 10 de mayo de 2016
La adoración familiar y la santidad entre los puritanos
Una entrevista por Tim Challies
1. Cuando se oye hablar sobre los puritanos, uno imaginaría que eran duros con sus hijos, que los hacían soportar horas interminables de adoración familiar. ¿Es esto cierto?
Interminables horas de adoración familiar habría sido algo del todo imposible para la mayoría de las personas del siglo XVII. En la Nueva Inglaterra de los puritanos, muchos eran agricultores que tenían que trabajar duro para producir su alimento. Los niños también tenían mucho que hacer en la escuela, en las tareas del hogar, y trabajando junto a sus padres y madres a aprender una vocación.1 Los puritanos también se tomaban tiempo para el recreo. Disfrutaban cazando, pescando, en las competiciones de tiro y la lucha libre: dos ministros puritanos de Nueva Inglaterra fueron famosos luchadores amateurs.2 Gozaban con la música en su hogar, y poseían guitarras, clavecines, trompetas, violas, tambores y otros instrumentos.3 De modo que había mucho que hacer; los devocionales familiares eran una parte —desde luego, la más importante— de un apretado programa diario.
Los puritanos tenían por objetivo una instrucción concisa y una oración conmovedora. Samuel Lee escribió que en toda nuestra enseñanza de la familia deberíamos tener cuidado con no aburrir a los niños hablando demasiado. Los extensos devocionales sobrecargan sus pequeñas mentes; es mejor mantener su atención mediante el uso de analogías espirituales con flores, ríos, un campo de trigo, pájaros que cantan, el sol, un arcoíris, etc.4
2. Los puritanos consideraban la adoración familiar como un deber. ¿Se aseguraban los pastores puritanos de que los padres llevaran a cabo este deber? ¿Cómo ayudaban a que las familias hicieran esto bien?
Los puritanos sí se tomaban este deber muy en serio. Por ejemplo, en 1647, la Asamblea General de la Iglesia de Escocia adoptó la Confesión de Fe de Westminster. Tres días antes, habían adoptado
el Directorio para la Adoración Familiar, y habían requerido que los ancianos gobernantes y los ministros disciplinaran a los cabezas de familia que descuidaban la adoración familiar.5
En 1677, la iglesia congregacional de Dorchester, Massachusetts, que era otra rama del puritanismo, pactaron «mantener la adoración a Dios» en sus familias, «educando, instruyendo y encargándoles a nuestros hijos y nuestras familias que guarden los caminos del Señor».6
Los pastores puritanos ayudaron a las familias, en primer lugar, predicando sobre este asunto; segundo, escribiendo libros sobre la adoración familiar y los libros devocionales útiles para la adoración familiar; tercero, escribiendo catecismos simples o fomentando un catecismo oficial; y cuarto, visitando a cada familia de la iglesia y catequizando a los niños. Los padres solían invitar con frecuencia al ministro a comer con la familia. Las visitas pastorales hacían responsables a los padres revelando el nivel de conocimiento de sus hijos y también siendo modelo de lo que la adoración familiar debería ser.7
3. Sé que resulta difícil hablar de promedios, pero tal vez pudiera usted decirnos cómo eran los devocionales de las familias puritanas. ¿Cuánto tiempo les dedicaban y qué era lo que hacían durante ese tiempo?
Los puritanos no estaban demasiado a favor de un forma precisa de adoración, cualquiera que fuera su tipo, sino que establecían principios. Le piden a los padres cristianos que dirijan a sus familias en la práctica diaria de cinco pasos: (1) la lectura de las Escrituras a sus familias; (2) conducir a los hijos en la memorización y la comprensión del catecismo; (2) debatir la verdad bíblica para la edificación de tal manera que cada miembro de la familia pueda formular preguntas y compartir pensamientos; (4) orar juntos; esto incluye reconocer a Dios como Señor y Proveedor de su
familia, confesarle sus pecados a Él, dándole las gracias por sus bendiciones, presentándole sus peticiones por las necesidades y los problemas de la familia, e interceder como familia por los amigos y por la nación; y (5) cantando salmos al Señor.8
Es difícil, por no decir imposible, definir cuánto duraban los devocionales familiares promedio para los puritanos. Sin duda variaba, también según las edades de los niños. Personalmente, recomiendo de cinco a diez minutos por la mañana y entre quince y veinte minutos por la noche. Podrá obtener más detalles prácticos sobre la implementación de los devocionales en mi pequeño libro Family Worship [La adoración familiar].9
4. Usted dice: «Debemos tener cuidado con permitir influencias corruptas en nuestras vidas privadas y en nuestros hogares». ¿Qué tipo de influencias corruptas permitimos en nuestras casas hoy que los puritanos habrían prohibido?
Los puritanos se habrían preocupado más por el contenido de los medios informativos que por la forma de tecnología. El hogar estadounidense medio tiene las puertas abiertas para que los intrusos entren, roben y destruyan los tesoros del alma. Los cristianos deben practicar gran discernimiento para proteger sus hogares contra:
(1) La maldad. Un videojuego reciente ganó mil millones de dólares en las salas en tan solo tres días después de su puesta en el mercado. Obviamente, es algo extraordinariamente popular. ¡El problema es que el juego gira en torno al robo! ¿Y cuántas canciones populares fomentan la fornicación y el adulterio? Quebrantar las leyes de Dios es un tema muy serio. ¿Te estás entreteniendo con las cosas que Dios odia?
(2) La mundanalidad. Puede ser un rechazo abierto a Dios, una vida crudamente inmoral, o de patente conformidad con la cultura popular. Pero podría tratarse de algo mucho más sutil. La mundanalidad no es amor ni está gobernada por el amor hacia Dios. Podría agradar a aquellos que ignoran a Dios, procurando la prosperidad física por encima de la santidad espiritual, valorando las ganancias temporales más que las glorias eternas, viviendo para ir hacia adelante en lugar de ir hacia arriba, o caminar en el orgullo en vez de la humildad. En resumen, es su corrupta naturaleza humana sin Dios. Alguien de este mundo está controlado por lo que los puritanos llamaban la trinidad de este mundo: la búsqueda de los placeres, de la ganancia y de la posición. Los puritanos se preguntarían ante cualquier actividad: ¿Ayuda esto a que mi familia ame más a Cristo, a que odie más el pecado y a caminar más por el camino de santidad del Rey?
(3) La ligereza. La vida tiene momentos ligeros en los que todos rompemos a reír, pero la ligereza (o frivolidad) consiste en utilizar el humor y la diversión para mantener las gravosas realidades fuera de nuestra mente. Vivimos en una cultura que intenta convertir la vida en una «Comedia Central». La tragedia es que nos aparta del gozo desbordante que Dios da a través de una seria consideración de la verdad del evangelio. ¿Estás dirigiendo a tu familia a llenar sus mentes con distracciones o con la esperanza de Cristo?
Los puritanos nos preguntarían hoy, no guiados por el legalismo sino llevados por el celo del bienestar de las almas de nuestra familia: ¿Qué estamos introduciendo en nuestros hogares mediante la música que escuchamos, los chistes o las historias que contamos, los libros y las revistas que leemos, las imágenes que colgamos en la pared o que dejamos aparecer en nuestras pantallas, y los juegos y deportes a los que jugamos o que miramos? Lee Filipenses 4.8, y haz un inventario.
Notas:
1. Edmund S. Morgan, The Puritan Family: Religion and Domestic Relations in Seventeenth Century New England, nueva edición (Nueva York: Harper and Row, 1966), 66-68.
2. Bruce C. Daniels, Puritans at Play: Leisure and Recreation in Colonial New England, Tenth Anniversary Edition (Nueva York: Palgrave Macmillan, 2005) 166-72.
3. Daniels, Puritans at Play, 57.
4. Samuel Lee, «What Means May Be Used towards the Conversion of Our Carnal Relations¿» en Puritan Sermons 1659-1689 (Wheaton, Ill.: Richard Owen Roberts, 1981), 1:150.
5. Act for Observing the Directions of the General Assembly for Secret and Private Worship, and Mutual Edification; and Censuring Such as Neglect Family-Worship [Acta para observar las directrices de la Asamblea General para la adoración privada y secreta, y la mutua edificación; y censura como el descuido de la adoración familiar], 24 de agosto de 1647, en Westminster confession of Faith (Glasgow: Free Presbyterian Publications, 1994), 418.
6. Citado en Leland Ryken, Wordly Saints: The Puritans As They Really Were (Grand Rapids: Academic Books, 1986), 80.
7. Richard Baxter, The Reformed Pastor, ed. William Brown (Edimburgo: Banner of Truth, 1974), 172-256.
8. Directory for Family-Worship, en Westminster Confession of Faith, 419; Matthew Henry, «A Church in the House», en The Complete Works of the Rev. Matthew Henry (1855; reed., Grand Rapids: Baker, 1979), 1:251-57.
9. Joel R. Beeke, Family Worship (Grand Rapids: Reformation Heritage Books, 2009).
El Dr. Joel R. Beeke es presidente y catedrático de Teología Sistemática y Homilética en el Seminario Teológico Reformado Puritano, y pastor de la Heritage Netherlands Reformed Congregation of Grand Rapids, Michigan.
Tim Challies entrevistó a nuestro editor [Dr. Joel Beeke, de la revista Banner of Sovereign Grace Truth] durante un periodo de ocho semanas sobre los ocho capítulos finales de A Puritan Theology: Doctrine for Life [La teología puritana: Doctrina para toda la vida], y añadió estos artículos en el blog de Challies. Los estamos editando en esta revista con su permiso. Los ocho artículos tratan en exclusiva la forma en que los puritanos pusieron la teología en práctica. Este artículo se ocupa de la adoración familiar y la santidad en el pensamiento puritano.
Publicado en Reflexiones con permiso de Banner of Sovereign Grace Truth. Traducción de IBRNJ, todos los derechos reservados © 2014
Usado con Permiso de IBRNJ.
1. Cuando se oye hablar sobre los puritanos, uno imaginaría que eran duros con sus hijos, que los hacían soportar horas interminables de adoración familiar. ¿Es esto cierto?
Interminables horas de adoración familiar habría sido algo del todo imposible para la mayoría de las personas del siglo XVII. En la Nueva Inglaterra de los puritanos, muchos eran agricultores que tenían que trabajar duro para producir su alimento. Los niños también tenían mucho que hacer en la escuela, en las tareas del hogar, y trabajando junto a sus padres y madres a aprender una vocación.1 Los puritanos también se tomaban tiempo para el recreo. Disfrutaban cazando, pescando, en las competiciones de tiro y la lucha libre: dos ministros puritanos de Nueva Inglaterra fueron famosos luchadores amateurs.2 Gozaban con la música en su hogar, y poseían guitarras, clavecines, trompetas, violas, tambores y otros instrumentos.3 De modo que había mucho que hacer; los devocionales familiares eran una parte —desde luego, la más importante— de un apretado programa diario.
Los puritanos tenían por objetivo una instrucción concisa y una oración conmovedora. Samuel Lee escribió que en toda nuestra enseñanza de la familia deberíamos tener cuidado con no aburrir a los niños hablando demasiado. Los extensos devocionales sobrecargan sus pequeñas mentes; es mejor mantener su atención mediante el uso de analogías espirituales con flores, ríos, un campo de trigo, pájaros que cantan, el sol, un arcoíris, etc.4
2. Los puritanos consideraban la adoración familiar como un deber. ¿Se aseguraban los pastores puritanos de que los padres llevaran a cabo este deber? ¿Cómo ayudaban a que las familias hicieran esto bien?
Los puritanos sí se tomaban este deber muy en serio. Por ejemplo, en 1647, la Asamblea General de la Iglesia de Escocia adoptó la Confesión de Fe de Westminster. Tres días antes, habían adoptado
el Directorio para la Adoración Familiar, y habían requerido que los ancianos gobernantes y los ministros disciplinaran a los cabezas de familia que descuidaban la adoración familiar.5
En 1677, la iglesia congregacional de Dorchester, Massachusetts, que era otra rama del puritanismo, pactaron «mantener la adoración a Dios» en sus familias, «educando, instruyendo y encargándoles a nuestros hijos y nuestras familias que guarden los caminos del Señor».6
Los pastores puritanos ayudaron a las familias, en primer lugar, predicando sobre este asunto; segundo, escribiendo libros sobre la adoración familiar y los libros devocionales útiles para la adoración familiar; tercero, escribiendo catecismos simples o fomentando un catecismo oficial; y cuarto, visitando a cada familia de la iglesia y catequizando a los niños. Los padres solían invitar con frecuencia al ministro a comer con la familia. Las visitas pastorales hacían responsables a los padres revelando el nivel de conocimiento de sus hijos y también siendo modelo de lo que la adoración familiar debería ser.7
3. Sé que resulta difícil hablar de promedios, pero tal vez pudiera usted decirnos cómo eran los devocionales de las familias puritanas. ¿Cuánto tiempo les dedicaban y qué era lo que hacían durante ese tiempo?
Los puritanos no estaban demasiado a favor de un forma precisa de adoración, cualquiera que fuera su tipo, sino que establecían principios. Le piden a los padres cristianos que dirijan a sus familias en la práctica diaria de cinco pasos: (1) la lectura de las Escrituras a sus familias; (2) conducir a los hijos en la memorización y la comprensión del catecismo; (2) debatir la verdad bíblica para la edificación de tal manera que cada miembro de la familia pueda formular preguntas y compartir pensamientos; (4) orar juntos; esto incluye reconocer a Dios como Señor y Proveedor de su
familia, confesarle sus pecados a Él, dándole las gracias por sus bendiciones, presentándole sus peticiones por las necesidades y los problemas de la familia, e interceder como familia por los amigos y por la nación; y (5) cantando salmos al Señor.8
Es difícil, por no decir imposible, definir cuánto duraban los devocionales familiares promedio para los puritanos. Sin duda variaba, también según las edades de los niños. Personalmente, recomiendo de cinco a diez minutos por la mañana y entre quince y veinte minutos por la noche. Podrá obtener más detalles prácticos sobre la implementación de los devocionales en mi pequeño libro Family Worship [La adoración familiar].9
4. Usted dice: «Debemos tener cuidado con permitir influencias corruptas en nuestras vidas privadas y en nuestros hogares». ¿Qué tipo de influencias corruptas permitimos en nuestras casas hoy que los puritanos habrían prohibido?
Los puritanos se habrían preocupado más por el contenido de los medios informativos que por la forma de tecnología. El hogar estadounidense medio tiene las puertas abiertas para que los intrusos entren, roben y destruyan los tesoros del alma. Los cristianos deben practicar gran discernimiento para proteger sus hogares contra:
(1) La maldad. Un videojuego reciente ganó mil millones de dólares en las salas en tan solo tres días después de su puesta en el mercado. Obviamente, es algo extraordinariamente popular. ¡El problema es que el juego gira en torno al robo! ¿Y cuántas canciones populares fomentan la fornicación y el adulterio? Quebrantar las leyes de Dios es un tema muy serio. ¿Te estás entreteniendo con las cosas que Dios odia?
(2) La mundanalidad. Puede ser un rechazo abierto a Dios, una vida crudamente inmoral, o de patente conformidad con la cultura popular. Pero podría tratarse de algo mucho más sutil. La mundanalidad no es amor ni está gobernada por el amor hacia Dios. Podría agradar a aquellos que ignoran a Dios, procurando la prosperidad física por encima de la santidad espiritual, valorando las ganancias temporales más que las glorias eternas, viviendo para ir hacia adelante en lugar de ir hacia arriba, o caminar en el orgullo en vez de la humildad. En resumen, es su corrupta naturaleza humana sin Dios. Alguien de este mundo está controlado por lo que los puritanos llamaban la trinidad de este mundo: la búsqueda de los placeres, de la ganancia y de la posición. Los puritanos se preguntarían ante cualquier actividad: ¿Ayuda esto a que mi familia ame más a Cristo, a que odie más el pecado y a caminar más por el camino de santidad del Rey?
(3) La ligereza. La vida tiene momentos ligeros en los que todos rompemos a reír, pero la ligereza (o frivolidad) consiste en utilizar el humor y la diversión para mantener las gravosas realidades fuera de nuestra mente. Vivimos en una cultura que intenta convertir la vida en una «Comedia Central». La tragedia es que nos aparta del gozo desbordante que Dios da a través de una seria consideración de la verdad del evangelio. ¿Estás dirigiendo a tu familia a llenar sus mentes con distracciones o con la esperanza de Cristo?
Los puritanos nos preguntarían hoy, no guiados por el legalismo sino llevados por el celo del bienestar de las almas de nuestra familia: ¿Qué estamos introduciendo en nuestros hogares mediante la música que escuchamos, los chistes o las historias que contamos, los libros y las revistas que leemos, las imágenes que colgamos en la pared o que dejamos aparecer en nuestras pantallas, y los juegos y deportes a los que jugamos o que miramos? Lee Filipenses 4.8, y haz un inventario.
Notas:
1. Edmund S. Morgan, The Puritan Family: Religion and Domestic Relations in Seventeenth Century New England, nueva edición (Nueva York: Harper and Row, 1966), 66-68.
2. Bruce C. Daniels, Puritans at Play: Leisure and Recreation in Colonial New England, Tenth Anniversary Edition (Nueva York: Palgrave Macmillan, 2005) 166-72.
3. Daniels, Puritans at Play, 57.
4. Samuel Lee, «What Means May Be Used towards the Conversion of Our Carnal Relations¿» en Puritan Sermons 1659-1689 (Wheaton, Ill.: Richard Owen Roberts, 1981), 1:150.
5. Act for Observing the Directions of the General Assembly for Secret and Private Worship, and Mutual Edification; and Censuring Such as Neglect Family-Worship [Acta para observar las directrices de la Asamblea General para la adoración privada y secreta, y la mutua edificación; y censura como el descuido de la adoración familiar], 24 de agosto de 1647, en Westminster confession of Faith (Glasgow: Free Presbyterian Publications, 1994), 418.
6. Citado en Leland Ryken, Wordly Saints: The Puritans As They Really Were (Grand Rapids: Academic Books, 1986), 80.
7. Richard Baxter, The Reformed Pastor, ed. William Brown (Edimburgo: Banner of Truth, 1974), 172-256.
8. Directory for Family-Worship, en Westminster Confession of Faith, 419; Matthew Henry, «A Church in the House», en The Complete Works of the Rev. Matthew Henry (1855; reed., Grand Rapids: Baker, 1979), 1:251-57.
9. Joel R. Beeke, Family Worship (Grand Rapids: Reformation Heritage Books, 2009).
El Dr. Joel R. Beeke es presidente y catedrático de Teología Sistemática y Homilética en el Seminario Teológico Reformado Puritano, y pastor de la Heritage Netherlands Reformed Congregation of Grand Rapids, Michigan.
Tim Challies entrevistó a nuestro editor [Dr. Joel Beeke, de la revista Banner of Sovereign Grace Truth] durante un periodo de ocho semanas sobre los ocho capítulos finales de A Puritan Theology: Doctrine for Life [La teología puritana: Doctrina para toda la vida], y añadió estos artículos en el blog de Challies. Los estamos editando en esta revista con su permiso. Los ocho artículos tratan en exclusiva la forma en que los puritanos pusieron la teología en práctica. Este artículo se ocupa de la adoración familiar y la santidad en el pensamiento puritano.
Publicado en Reflexiones con permiso de Banner of Sovereign Grace Truth. Traducción de IBRNJ, todos los derechos reservados © 2014
Usado con Permiso de IBRNJ.
viernes, 22 de abril de 2016
Un remedio para la religión decadente
Por amor a ustedes, queridos amigos,
me atrevo a aparecer de nuevo en público para ser su monitor fiel1 para impulsarlos hacia su deber y fomentar la
obra de Dios en sus almas y la adoración de Dios en sus familias. Y no sé cómo
puede emplear un ministro su nombre, sus estudios y su pluma de mejor manera
(aparte de la convicción y la conversión de almas particulares), que imponiendo
sobre los cabezas de familia que se ocupen de las almas que estén a su cargo.
Esto tiene una tendencia directa a la reforma pública. La religión empieza en
los individuos y se transmite a sus parientes, y las esferas relacionales menores
componen una entidad mayor: las iglesias y las mancomunidades están formadas
por familias. Existe una queja general por la decadencia del poder de la piedad
y la inundación2 de las cosas profanas,3 y con razón. No conozco mejor remedio que la
piedad doméstica:4 Si los gobernadores
enseñaran a sus subalternos mediante consejos y ejemplos, les desagradaran5 las enormidades6 y las
restringieran, fomentando con celo la santidad, clamando a Dios en unidad y con
fervor, pidiéndole que obrara con eficacia y realizara aquello que ellos no
pueden hacer, ¿quién puede decir qué bendita alteración vendría a continuación?
En vano se quejan de magistrados y
ministros, mientras ustedes que son
padres de familia son infieles a su cometido. Se quejan de que el mundo está en
mal estado: ¿Qué hacen ustedes para
remediarlo? No se quejen tanto de los demás, sino de ustedes mismos, y no se
quejen tanto antes los hombres, sino delante de Dios. Suplíquenle a Dios que
haga una reforma, y secunden7 también sus
oraciones con ferviente esfuerzo, ocúpense de su propio hogar y actúen para
Dios dentro de este ámbito. Conforme vayan teniendo más oportunidad de
familiaridad con los que viven dentro de su casa, más autoridad tendrán sobre
ellos porque ellos dependerán de ustedes para que influyan en ellos. Y si no
mejoran este talento, tendrán terribles cuentas que rendir, sobre todo cuando
sus manos tengan que responder de la sangre de ellos, porque el pecado que
cometieron se cargará sobre la negligencia de ustedes.
¡Oh, señores! ¿No han pecado ustedes
ya bastante, sino que tienen que acarrear sobre ustedes la culpa de toda su
familia? Son ustedes los que hacen que los
tiempos sean malos y provocan juicios sobre la nación. ¿Preferirían ver las
angustias de sus hijos y oírlos gritar en medio de tormentos infernales, o
hablarles una palabra para su instrucción, escucharlos llorar bajo su
corrección o suplicarle a Dios por su salvación? ¡Oh crueles tigres y monstruos
bárbaros! Tal vez ustedes se imaginan que son cristianos; sin embargo, a mi
juicio, un hombre que no mantiene la adoración de Dios como costumbre en su
familia no es digno de ser un comulgante8 adecuado de
la Santa Cena. Merece amonestación y censura9 por este
pecado de omisión así como por los escandalosos pecados de comisión; y es que
traiciona su vil hipocresía al pretender ser un santo fuera, cuando es una
bestia en su casa. Porque un cristiano bien nacido10 [respeta]
todos los mandamientos de Dios. Es de los que son justos delante de Dios y «se
conduc[en] intachablemente en todos los mandamientos y preceptos del Señor» (Lc
1:6). Que los otros vayan en medio de la manada de los profanos y que les vaya
al final como les va a aquellos, que no se preocupan por su familia o de la
piedad familiar. Los que no oran ahora, llorarán más tarde: «Señor, Señor,
ábrenos» cuando la puerta se cierre (Mt 25:11). Sí, los que ahora no quieren
clamar por un mendrugo de misericordia lo harán en el Infierno por una «gota de
agua que calme sus lenguas abrasadas en los tormentos eternos» (cf. Lc 16:22-24).
A estos hipócritas que se autodestruyen les recomiendo que consideren
seriamente Proverbios 1:24-31; Job 8:13-15; 27:8-10. ¡Oh cuán gran honor que el
Rey del Cielo le admita a uno en la cámara de su presencia11 con la familia, dos veces al día para
confesar los pecados; pedir perdón y provisiones de misericordia; para darle la
gloria por Su bondad, y depositar la carga sobre Él y obtener alivio! Espero
que no sean nunca reacios a esto ni se cansen de ello, ¡que Dios no lo permita!
El que quiere tener buena salud no se queja a la hora de comer. Reconozcan y
observen esos momentos designados para venir a Dios. Si uno promete encontrarse
con una persona importante a una hora concreta, cuando el reloj da la hora se
levanta, pide perdón y le dice a quien lo acompaña que [alguien] le espera, que
debe marcharse. No se tomen más libertad con Dios de la que se tomarían con los
hombres y mantengan su corazón continuamente en disposición de hacer su deber.
——————————
Oliver Heywood (1630—1702): Erudito puritano no
conformista. Expulsado de su púlpito en 1662 y excomulgado, Heywood predicó
principalmente en casas privadas después de la Gran Expulsión.
Notas:
1 Monitor: aquel que advierte de las faltas o
informa del deber.
2 Inundación: desbordamiento; abrumador por la
abundancia.
3 Profano: desdén o irreverencia hacia lo sagrado;
en particular el uso de un lenguaje que implica
falta de respeto hacia Dios.
4 Piedad doméstica: reverencia hacia Dios, amor por
Su carácter y obediencia a Su voluntad en el
5 Desagradar: considerar con desfavor.
6 Enormidades: ofensas monstruosas o males;
ultrajes.
7 Secundar: apoyar; ayudar.
8 Comulgante: persona que recibe la Santa Cena.
9 Amonestación y censura: advertencia y juicio
espiritual por parte de la iglesia.
10 Bien nacido: con buenas maneras y refinado.
11 Cámara de la presencia: la habitación en la que
una persona de alcurnia recibe compañía.
Tomado de «The Family Altar» [El altar de la familia], The Works of Oliver Heywood [Las obras de Oliver
Heywood], Vol 4, reeditado por Soli Deo Gloria, cortesía de Chapel Library. Traducción al español de IBR, todos los
derechos reservados © 2015 IBR.
Usado con permiso.
miércoles, 11 de noviembre de 2015
HACIENDO CON EL ALMA LO QUE NO HACEMOS CON EL CUERPO
‘El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’. Mateo 4:4
En respuesta a Satanás a su propuesta de convertir todas las piedras
en pan para alimentarse, nuestro Señor Jesucristo le responde con estas
palabras mostradas en el texto mencionado. Por supuesto que con esta
respuesta contundente el Señor no solo le respondía al Diablo sino que
arrojaba bastante luz a una de las realidades de la existencia humana y
nos dejó ver un principio muy importante para cualquier individuo. Tiene
que ver con la realidad que nuestra existencia no se haya reducida al
ambiente de lo material y físico sino que cada ser humano tiene otro
ámbito en el que desarrolla su vida, a saber, el ámbito espiritual. Él
no solo es carne, también es espíritu y ambos ámbitos están presentes en
todo su peregrinar en la tierra.
Nuestro Señor Jesús estaba dejando testimonio, entre otras cosas, que el ser humano no debería concentrarse en la provisión de sus necesidades físicas, tan importantes como son, olvidando su necesidad espiritual o en detrimento de ella. Seguramente el pecado dentro de seres físicos hace que olvidemos muchas veces que somos poseedores de un alma, y que así como a nivel de lo material tenemos necesidades básicas que no permiten ser postergadas en sus demandas so pena de morir, también tenemos un conjunto de necesidades profundas en el alma que no podemos olvidar sin perjudicar gravemente nuestro espíritu.
El pan en las Escrituras es una manera de señalar hacia las cosas esenciales y necesarias para la vida. Por ejemplo en Gn.3:19 se le dice al hombre pecador que ‘con el sudor de tu rostro comerás el pan’, lo que quiere decir que a partir del pecado, conseguir lo necesario para vivir le sería pesado al varón. El Salmista puede decir en Sal.37:25 que ha envejecido y ‘no he visto un justo desamparado ni su descendencia que mendigue pan’, lo que nos señala que en su vida nunca vio a un piadoso mendigando por las cosas necesarias para la vida. El Señor Jesús nos enseñó a pedir ‘el pan de cada día’ (Mt.6:11), lo cual quiere decir, todas las cosas necesarias para vivir.
Así, cuando nuestro Señor nos señaló hacia aquella parte de nuestra existencia que solemos olvidar perniciosamente, nos advirtió que también debería ser cuidada y suplida en sus necesidades. Por supuesto que nuestra parte espiritual no puede ser sustentada con alimento físico, pero sí con uno que corresponda adecuadamente a su necesidad. El Señor habló de la Palabra de Dios como ese alimento adecuado, necesario y suficiente que el alma requiere para vivir y seguir viviendo con vigor en su mayor vocación: vivir para la gloria de Dios y su verdadero provecho.
Es una mala señal cuando hacemos con nuestra alma lo que no hacemos con nuestro estómago y una mala evidencia que señala hacia una vida marcada por lo temporal y físico. El Señor quiere que seamos conscientes de lo que por el pecado no vemos y es que necesitamos tanto su Palabra como el alimento diario. Que Su Voz hace parte de las cosas que necesitamos para vivir, que así como buscamos suplir nuestro cuerpo de lo necesario para vivir, deberíamos andar en búsqueda del consejo de las Escrituras Santas para lo mismo. No solo somos cuerpo, somos seres compuestos por una parte material y otra espiritual, de modo que podemos recordarnos siempre que la Palabra que sale de la boca de Dios hace parte de aquello diario que debemos traer sobre nosotros para poder decir de nosotros que estamos vivos. ¿Ya comió hoy? ¿Qué tanto?
Nuestro Señor Jesús estaba dejando testimonio, entre otras cosas, que el ser humano no debería concentrarse en la provisión de sus necesidades físicas, tan importantes como son, olvidando su necesidad espiritual o en detrimento de ella. Seguramente el pecado dentro de seres físicos hace que olvidemos muchas veces que somos poseedores de un alma, y que así como a nivel de lo material tenemos necesidades básicas que no permiten ser postergadas en sus demandas so pena de morir, también tenemos un conjunto de necesidades profundas en el alma que no podemos olvidar sin perjudicar gravemente nuestro espíritu.
El pan en las Escrituras es una manera de señalar hacia las cosas esenciales y necesarias para la vida. Por ejemplo en Gn.3:19 se le dice al hombre pecador que ‘con el sudor de tu rostro comerás el pan’, lo que quiere decir que a partir del pecado, conseguir lo necesario para vivir le sería pesado al varón. El Salmista puede decir en Sal.37:25 que ha envejecido y ‘no he visto un justo desamparado ni su descendencia que mendigue pan’, lo que nos señala que en su vida nunca vio a un piadoso mendigando por las cosas necesarias para la vida. El Señor Jesús nos enseñó a pedir ‘el pan de cada día’ (Mt.6:11), lo cual quiere decir, todas las cosas necesarias para vivir.
Así, cuando nuestro Señor nos señaló hacia aquella parte de nuestra existencia que solemos olvidar perniciosamente, nos advirtió que también debería ser cuidada y suplida en sus necesidades. Por supuesto que nuestra parte espiritual no puede ser sustentada con alimento físico, pero sí con uno que corresponda adecuadamente a su necesidad. El Señor habló de la Palabra de Dios como ese alimento adecuado, necesario y suficiente que el alma requiere para vivir y seguir viviendo con vigor en su mayor vocación: vivir para la gloria de Dios y su verdadero provecho.
Es una mala señal cuando hacemos con nuestra alma lo que no hacemos con nuestro estómago y una mala evidencia que señala hacia una vida marcada por lo temporal y físico. El Señor quiere que seamos conscientes de lo que por el pecado no vemos y es que necesitamos tanto su Palabra como el alimento diario. Que Su Voz hace parte de las cosas que necesitamos para vivir, que así como buscamos suplir nuestro cuerpo de lo necesario para vivir, deberíamos andar en búsqueda del consejo de las Escrituras Santas para lo mismo. No solo somos cuerpo, somos seres compuestos por una parte material y otra espiritual, de modo que podemos recordarnos siempre que la Palabra que sale de la boca de Dios hace parte de aquello diario que debemos traer sobre nosotros para poder decir de nosotros que estamos vivos. ¿Ya comió hoy? ¿Qué tanto?
miércoles, 28 de octubre de 2015
Todo el Evangelio a Todo el Hombre
[El Siguiente es una cita del Dr. José Grau en su Libro: La
Evangelización y la Biblia; Ediciones Evangélica Europeas. Págs. 99 y
100] “Porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios” Hechos 20:27
El pastor bautista Don Vicente Tafalla escribía en la revista “El Eco” ( junio-julio 1968,p.15):
“Adolecemos de no predicar todo el Evangelio a los inconversos. Para hacer esta afirmación tan rotunda me baso en que en nuestro cultos de predicación, en los que invitamos a los inconversos a tomar una decisión respecto a sus almas, les hablamos del pecado que reside en todo ser humano, de la expiación vicaria de Cristo, el arrepentimiento, perdón, justificación, etc., pero ¿les hablamos de lo que viene después?”
El pastor Tafalla se pregunta: ¿Y lo que viene después…? Hablamos
poco de lo que viene detrás de toda esta experiencia que llamamos
conversión.
Parece -comenta en su reflexión-, como si todo el Evangelio se parase
en este punto: como si tendiésemos una trampa al inconverso, llevándole
hasta esta experiencia que deseamos sea genuina, pero silenciándole
todo lo que un convertido tiene que hacer después. Aunque no lo
pensemos, a quizás en el fondo de nuestro subconsciente este la idea de
que una vez en ‘el saco’, después ya será más fácil conducirle a que aprenda ‘lo otro’.
He querido subrayar la frase “como si todo el Evangelio se parase
en este punto” porque es, justamente, aquí donde a mi parecer se
origina este defecto que puede acarrear muy graves consecuencias tanto
para el recién convertido como para la vida de la iglesia. El defecto
consiste en presentar la conversión como una meta final, en lugar de
ponerla como un punto de partida. Volveremos luego sobre ello.
Prosigue el pastor Tafalla:
“ El libro de lo Hechos habla de los primeros convertidos, los primeros añadidos a la Iglesia, y dice: ‘Así que los que recibieron su palabra fueron bautizados y se añadieron aquel día como tres mil personas’, sigue diciendo el texto…Ahora viene “lo de después”: ‘y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión los unos con los otros, en el partimiento del pan y en las oraciones’. Es un bellísimo retrato de la vida íntima de la comunidad cristiana de Jerusalén el presentado aquí por Lucas. Cuatro cosas enumera como características de los nuevos convertido: perseveraban en escuchar y aprender la enseñanza de los apóstoles, en la unión fraterna, en la participación de la Santa Cena y en el culto a Dios mediante la oración. Esto es lo que los convertidos de la iglesia de Jerusalén hacían y creo que todos entendemos que aquella iglesia marca la pauta a seguir. Por tanto, llegamos ahora a una conclusión: esto es lo que todos los convertidos debemos hacer “después”. Ahora te pregunto: si tú hubieras sabido que necesariamente tenías que hacer todo esto, ¿hubieras aceptado la invitación que te hacían para que te convirtieras y fueras cristiano? Quizá quede explicado así que algunos llegan a la conversión…y se quedan ahí toda la vida porque nadie les dijo que lo que “lo que viene después” también es necesario que se haga. Expliquemos TODO a los inconversos e invitemos a que acepten la conversión y las consecuencias lógicas de ser añadidos a la Iglesia. No cabe duda de que la persona que se decida, completamente consiente de lo que hace, será un fiel servidor de Dios a su iglesia.”
Hasta aquí la cita de Vicente Tafalla, que considero muy atinada y
muy de actualidad, por cuanto expone un problema que viven muchas
iglesias nuestras hoy y que, no obstante demasiado a menudo es
silenciado o ignorado, pese a sufrir en la propia carne de nuestra
experiencia congregacional todas las tristes consecuencias que comporta.
jueves, 22 de octubre de 2015
¿POR QUIÉN VOTAR?
Puede ser que la respuesta a esta pregunta sea más compleja
de responder que si nos pidieran que definiéramos qué es una ‘hipostasis’. Sin
embargo, una de las cosas de las que no podemos huir o ser indiferentes en todo
el tiempo de nuestro peregrinar es esta. Incomódenos o no, la vida temporal de
los hijos de Dios, de muchas formas se verá matizada por el contexto en que
vivimos. Ya sea que gocemos de libertad para desarrollar la fe o estemos en persecución,
que estemos en pobreza o abundancia, que exista un freno externo al mal o esa
barrera no esté o no bien definida, no podemos afirmar que estas cosas que
pueden proveer los gobiernos humanos, nos resultará indiferentes, encogernos de
hombros y pensar: ‘lo que será, será’.
Tampoco, por supuesto, diremos que la elección de
gobernantes es algo determinante o fundamental al desarrollo de la iglesia de
Cristo y rogaría que no se viera así. En épocas de elecciones hay mucha euforia
por hacer ver esto así, pero no lo es. Si algo define la vida de fe, es que no
depende de los gobiernos humanos para desarrollarse y crecer. La iglesia ha
podido sobrevivir a monarquías, gobiernos absolutistas, democráticos, y ha
sabido sobrevivir bajo tendencias capitalistas, comunistas, socialistas, etc.
Con más privilegios en unos gobiernos más que otros, pero eso no ha determinado
su supervivencia que sí está asegurada por la promesa de Cristo: ‘Las puertas
del hades no prevalecerán contra ella’.
Antes de proseguir, deseo dejar bien en claro al menos tres
cosas.
La primera es que no pienso tener la verdad absoluta en este
tema. ¿Quién la tiene? ¿Se podrá? Estamos hablando de instituciones humanas, lo
que implica el gobierno de humanos sobre humanos. Y esto pudiera ser utópico si
no es por la realidad del pecado. Pretender dogmatizar sobre la cambiante vida
del hombre, es vano.
Segundo, No estoy a favor de ninguno de los candidatos
presentes. En verdad no lo estoy. Esta impotencia a la hora de tomar partido
creo que me perseguirá hasta después de las elecciones. Tampoco tengo un ánimo
enfermizo en contra de alguno. Simplemente podría definir mi posición como ‘el
que mira a la distancia’.
Tercero, hablo como cristiano, lo que indica que tengo intereses
creados en este asunto: los intereses del reino de Dios y la Iglesia. No, no
una denominación ni un grupo cristiano que está en política o apoyando a un
candidato, hablo de la Iglesia de Cristo y el avance del evangelio Bíblico en
nuestro medio. Hablo pensando en el decreto de Dios de revelar a su Hijo para
la salvación de pecadores, del evangelismo y del avance del gobierno divino en
los corazones de los hombres. A la vez hablo con respeto de quienes están en
eminencia y como alguien que ora por ellos, a veces con dolor y a veces
desafiado.
¿Qué podemos
esperar?
Creo que una de las cosas que más nos daría luz a la hora de
pensar en una elección será el determinar ¿Para qué están los gobiernos
humanos? ¿Cuál debe ser nuestra expectativa en general de ellos? Algunos espíritus
particulares, apasionados con que el
reino de Dios venga a través de los gobiernos humanos, tienen la expectativa
que el gobernante electo, debe llevar a una nación a los pies de Jesucristo,
sea por leyes o espada. Ellos piensan que un buen gobierno traería el cambio de
las personas gobernadas y el consecuente cambio moral en una sociedad. El punto
es que según la Biblia, eso no es tarea de los gobernantes sino de Dios por medio
del Espíritu Santo obrando a través del evangelio. Los gobiernos humanos tienen
el deber de guardar la justicia y la paz externa y hasta donde representen esto
con leyes y la espada, deben ser apoyados (Rom.13:1-10) y nunca tener la
expectativa sobre ellos que harán lo que es potestativo de Dios en la salvación
del alma y por el evangelio. Definir bien el alcance de los gobiernos nos
ahorrará discusiones infructuosas.
Sin embargo, en la organización Teocrática de Israel, se nos
dan los parámetros que un rey debería tener. Estos parámetros pueden darnos luz con respecto al estándar de
Dios en un mundo real, de reyes pecadores, gobernando seres pecadores. Puedo
creer que aunque un gobernante no tenga la potestad de tratar con el alma, un
buen gobernante refrenará la maldad y promocionará la justicia y equidad de la
mejor forma que pueda con lo que tenga. Y quien más que un gobernante de
principios cristianos podrá representar lo que Dios desea en los gobiernos
humanos. Esto lo digo para que meditemos en que si bien no elegiríamos a un
cristiano para ser ‘el pastor de Colombia’, un buen y verdadero cristiano sí
representaría mejor la justicia y equidad externa, que es su campo.
Sin embargo, siendo conscientes que estamos bajo una
organización política secularizada, la labor, mientras procuramos algo mejor,
será tener expectativas reales de los gobiernos humanos. En verdad hay personas
que suspiran por el gobernante que no demandará impuestos, que dé subsidios, que
nos dé abundancia a cambio de ningunos estándares de productividad y que erradique
a los malos, no estando nosotros entre ellos, por supuesto. Es una visión no
solo idealista sino caricaturesca de una sociedad real.
Ahora, si el papel de los gobiernos humanos es la promoción
de la justicia, la igualdad y el refreno de la maldad externa, nuestros ojos
deben tratar de ser muy generales en las propuestas que promuevan lo que los gobiernos
pueden dar y no juzgar los candidatos a la luz de los que nunca pudieran dar. Y
aquí, a riesgo de parecer parcializado, rogaría considerar qué o quién es el máximo
gobernante de nuestro país. El árbitro final, la última instancia, lo que debe
matizarlo todo. No, no es el Presidente, es nuestra Constitución. Aun el Señor
presidente está bajo ella. Son las leyes las que sostienen un gobierno y un
país.
Pero cuando un gobernante se pone sobre las leyes y modifica
los estándares de justicia y moldea como la plastilina lo que es bueno o malo,
cambiando las reglas de juego cuando lo ve prudente, según un afán, entonces
estamos en grave peligro, pues ¿Por qué no seguir moldeando la justicia al
criterio del gobernador para llamarle a lo malo bueno y lo bueno malo? ¿En qué
tipo de justicia vamos a terminar? No soy un enemigo de la paz externa, entre
la paz y la guerra, obvio la paz es lo que un gobierno debe promocionar. Pero la
paz que nos quieren dar es una paz por sobre la justicia y eso tenemos que pensarlo
muy bien. Es una falsa paz porque no se fundamenta en la ley sino en una
caricatura de ella. Por lo que la rebelión externa será aún más difícil de
frenar.
Por otro lado, ¿La guerra es la solución? Por supuesto que
no. El asa de la guerra siempre está al rojo vivo y quema irreparablemente a
una nación que la toma, aunque sea por necesidad. Puede que, efectivamente como
se ha visto en la historia, el mal acabe un mal, o por decirlo con claridad, la
guerra acabe con otra. Es un precio muy alto, pero a veces pasa. Sin embargo no
creo que la conciencia del cristiano se vea satisfecha al considerar que la
guerra acaba con seres humanos hechos a imagen de Dios y que esta promueve las
pasiones más bajas y miserables de los hombres. Suele pasar que los que están más
al centro del conflicto llegan a perder de vista el porqué de la lucha y
cauterizados, tengan en la mente más la muerte que la paz. Eso lo hemos visto
en las conocidas masacres de grupos paramilitares, guerrilleros y hasta
militares. Somos un país de muerte, de violencia. Así que no, la guerra tampoco
es la solución.
Pero, ¿Acaso son las dos únicas opciones? Por supuesto que
no, creo que no hablamos de una moneda de solo dos caras, paz o guerra. Creo
que sobre la mesa debe plantearse un menú más variado. La justicia, la reforma
de ella, le agilidad del aparato judicial, la promoción de oportunidades,
el sostenimiento de nuestro campo,
nuestros recursos, deberían matizar la elección de un candidato y no solo la incómoda
moneda que nos quieren hacer ver.
Concluyendo.
Sabiendo que mucho de la profesión cristiana tiene que ver
con la conciencia, el voto debe ser una expresión de nuestra libertad en
Cristo, de nuestra conciencia y de un entendimiento más Bíblico de lo que
apoyamos con un candidato. Repasemos Romanos 13 antes que las propuestas de
ellos. Mirémoslos a la luz de su acato a la ley y respeto hacia ella. Mirémoslos
a la luz de lo que pueden generar sus principios con respecto al refrenamiento
del mal o la promoción e institucionalización de ella. Mirémoslos en su ánimo
de mantener la paz y la igualdad externas.
Pero considere estas tres cosas finales:
Primera, Tenga en cuenta que sea quien sea, el mejor candidato
o el menos peor. Sea el de sus afectos o no, nunca pierda de vista que ellos
van a gobernarnos a nosotros, un pueblo difícil de gobernar. En verdad somos un
pueblo perezoso, facilista, poco laborioso y emprendedor. Por lo que sea quien
sea el gobernante tendrá que lidiar con lo que tienen para gobernar. Un pueblo
que marcha por sus derechos pero que se incomoda y sufre y lucha y descuida sus
deberes. Verá que no pasará mucho tiempo para que el próximo gobernante tenga
que vérselas con subsidios, impuestos, paros, revueltas, violencia, corrupción,
etc.
Eso somos y eso nos llama la atención como cristianos que lo
que no viene por la organización política externa, solo puede venir cuando el
evangelio sea atesorado en los corazones. Seamos cabales y sobrios en nuestras aspiraciones
gubernamentales.
Segundo, sea quien sea electo el domingo, sea el que queríamos
o el que no, nuestro vocabulario debe cambiar para con el electo. Ahora será una autoridad y debemos
dispensarle la honra que Dios espera de ellos y someternos en esos asuntos
externos con los que nos rige a menos que nos lleve a blasfemar el nombre de
Dios. El corazón de un creyente, sea cual sea el resultado del Domingo, debería
estar tranquilo porque cree que Dios hizo su voluntad a través del medio del
voto o la abstención. No es un hipercalvinismo (ya que presupongo que el
creyente hizo uso de los medios del voto para manifestar su posición), pero es
la aceptación tranquila de la voluntad de Dios. La iglesia no depende en su ejercicio
de un gobierno sino del Gobierno Divino. Así que oremos y sigamos las tareas
del Reino de Dios.
Tercero, mientras nuestras leyes, máximo arbitro de nuestro
país, tenga como una opción el voto en blanco, no deja de ser una opción para
los que a conciencia no ven en los candidatos lo que según su perspectiva,
debería ser uno. El voto en blanco no es el salvoconducto para criticar a los
que se inclinaron por un nombre, no es la excusa para recordarles amargamente su
error a los que eligieron un nombre, ni el motivo para darnos un aire de
superioridad para los que si marcaron un candidato. El voto en blanco debe ser
una posición igual de humilde, de espera en Dios y de conciencia cristiana para
el que opta por eso, no la excusa para el pecado.
Sin embargo creo que la abstención si es una especie de
resentimiento o indiferencia. Es la salida más fácil y perezosa de los que no desean
las demandas de una ciudadanía pero si el beneficio de ella.
Por Jorge Castañeda
¿POR QUE LA BIBLIA ES LA MEJOR GUÍA PARA LOS QUE VOTAN?
Esta es una
temporada para las guías de los que votan, en este tiempo nos saludamos con
otra persona preguntando ¿por quién vas a votar? Con el ambiente de la alegría
política y la erudición, en nuestras iglesias zumban con las conversaciones de
los candidatos, no olvidemos de la importancia del peso que significa nuestro
rol como individuos y como una iglesia en este asunto.
…Las decisiones
que se hacen pueden tener implicaciones de largo alcance, no solo para nuestra
nación, sino también para el mundo entero. Por lo tanto este no es un asunto
pequeño para nosotros, pensar bíblicamente en emitir nuestro voto. Y nuestro deber
es buscan en primer lugar el honrar a Dios con nuestro acto de votar.
Como cristianos
la pregunta más importante durante la temporada de elección es: ¿Dios en la Biblia
da a su pueblo la dirección de cómo identificar a los líderes civiles (mas) dignos?
Nosotros sabemos que hay requisitos para los pastores, pero ¿Qué pasa para los líderes
civiles? ¿Existen mandamientos? ¿Hay ejemplos? ¿Existen principios que nos
puedan guiar? La respuesta es ¡Si¡
Dios en su
bondad, no nos ha dejado solos y sin revelar sus pensamientos y darnos sus
principios para la selección de los líderes civiles. De hecho Él declara
explícitamente en la Escritura los tipos de líderes civiles por los que
deberíamos votar a favor. Como buen pastor Dios da guía a su pueblo para seleccionar
que tipo de líderes promover, este es un gran regalo a su pueblo, que Él nos
mostrara como identificar los buenos líderes. Si bien hay muchos lugares en la
biblia para ir en busca de respuestas.
Hay cuatro
textos claves que nos dan la claridad
sobre el tema: Éxodo 18:21, Dt. 1 : 9 –17, Dt. 17 19 – 20, Rom. 13 1-10.
Solo por un
momento dejemos de lado nuestras afiliaciones políticas e intentemos cerrar
nuestro oídos a las opiniones del hombre y la euforia política que nos rodea.
Dese una mirada fresca, -obstruida por la emoción y la lealtad al partido político-,
en la clara lista de requisitos que la Biblia
nos da para seleccionar gobernantes. Un breve estudio de estas escrituras nos provee
lo que un líder civil debe ser:
Sabio (Deuteronomio 1:13)
Este requisito describe a un hombre que
es hábil en la administración, con la capacidad de manejar significativos y complejos
asuntos, con discreción y buen juicio. Debemos reconocer que ‘el principio de la sabiduría es el temor de
Dios’. (Sal.111:10; Prov. 9:10).
Entendido
(Deuteronomio 1:13)
Vamos a votar por los hombres con un agudo
sentido de comprensión y perspicacia, este tipo de hombre es capaz de ver las
cosas de modo que estas realidades son reveladas, un hombre de entendimiento
tiene la habilidad de ver más allá de la superficie. Nosotros reconocemos
cuando un candidato tiene entendimiento
por la manera en que sigue los preceptos del Señor. (Sal.111:10).
Conocido
(Ex.18:21; Dt. 1:15 y 17:15)
Los líderes civiles deben ser
seleccionados de entre su propia gente, la gente debe conocer al candidato, esto
es el por qué la Constitución….requiere que el Presidente tiene que ser natural
de (su país).
Probado
en la capacidad de liderar (Deuteronomio 1:15)
No todos los hombres han sido igualmente
dotados en la capacidad de liderazgo, algunos son capases de comandar grandes
reinos, mientras que otros son mejores para los reinos más pequeños, el éxito
en los reinos más pequeños abre la puerta para los mayores: ‘el que es fiel en lo poco, es fiel en lo
mucho’. (Lc.16:10).
Justo
en sus juicios (Deuteronomio 1:16-17)
Esto requiere un líder civil para ver las
cosas como son realmente y así tomar decisiones
a través de los lentes de la justicia bíblica, el juzga justamente, de acuerdo
a la justicia de Dios, sin que se deje influenciar por las apariencias.
Imparcial
(Deuteronomio 1:17)
Él trata al grande y al pequeño con el
mismo amor y verdad, pues Dios no hace acepción de personas y él no debe ser un
líder que haga acepción de personas, un legislador civil debe estar igualmente
interesado por los ricos y por los pobre, los pequeños y los grandes, debe
ejecutar justicia sin respecto a la raza, género y origen nacional, o cualquier
otra distinción categórica hecha en la sociedad.
Sin
temor al hombre.
(Éxodo 18:21; Deuteronomio 17:19)
Los hombres complacientes son un
desastre como líderes. Los líderes deben temer a Dios y hacer justicia, no ser
gobernados por el temor al hombre ‘el
temor del hombre pondrá lazo, pero el que confía en Jehová será salvo’ (Prov.
29:25) ‘no teman a los que matan el
cuerpo… teman a aquel que…tiene poder de echar en el infierno; si a Él teman, les
digo a Él teman. (Lc. 12:4-5).
Un
hombre (Éxodo 18:21; Deuteronomio 1:13)
La Escritura requiere que nosotros escojamos
sabios, entendidos, y hombres expertos. La palabra hombre usada aquí no es el
termino genérico de “humanidad”, sino más bien la palabra “varón”. En cualquier
lugar de la Biblia una de las cualidades para los lidere civiles es que sean
hombres, no mujeres.
Capaz
(Éxodo 18:21)
La palabra traducida “poder” es más
frecuente que la palabra traducida “ejercito” valor o fuerza. Esta cualidad se
centra en sí, en que Él tiene fuerza. Los que son elegidos deben ser hombres de
carácter que no van a vacilar ante una presión extrema o tentación.
Temor
al Dios verdadero (Éxodo 18:21; Deuteronomio 17:19; Romanos 13:4)
Aquí aprendemos de la naturaleza
fundamental de su relación con Dios, la primera preocupación de este hombre es
su fidelidad al único Dios verdadero en todas las cosas. Muchas personas no son
conscientes de lo importante que es este requisito. Dios da el mandamiento de
temer a Dios al líder civil: (Sal. 2:10-12; 2 Cr. 19: 6-7). Después de todo un
líder civil es un ‘ministro’ o un ‘diacono’ de Dios para el bien, esta es la
clase de hombre que tiene una conciencia que es siervo de un Dios Santo. Su
preocupación es por la gloria de Dios. “Bienaventurado el varón que teme al Señor”
(Sal. 112: 1).
Veraz
(Éxodo 18:21; Deuteronomio 16:19)
Nosotros tenemos que elegir a los
hombres que guarden su palabra, la mayoría de los líderes, toman un juramento
de su cargo con la mano puesta en la Biblia, cuando ellos asumen su oficio o
cargo. Nuestro gobierno está basado sobre las promesas de nuestros dirigentes para
mantener la ley y ser veraces. Jesucristo dice: ‘Que tu si sea si y tu no, no, porque todo los que es más que esto
proviene del mal’ (Mt 5: 37).
Aborrecedores
de la avaricia (Éxodo 18:21; Deuteronomio 17:17)
El poder es corruptor. Esto se espera
con demasiada frecuencia, que quienes ha sido como oficiales civiles…se
corrompen rápidamente por el atractivo de popularidad, poder y dinero. Las
tentaciones son grandes. Solamente en un
hombre que odia la codicia se
puede confiar que no será fácilmente desviado por la adulación, los sobornos y
los favores políticos.
Guiado
por la Palabra de Dios (Deuteronomio 17:18-20)
Los líderes civiles deben ser guiados
por la autoridad de la Escritura. En Israel a los líderes civiles se les mandó
escribir una copia personal de la Escritura para su propio estudio. Esto era
para ser leído todos los días de su vida. ¿Por qué? Para que aprendieran a
temer al Señor su Dios y tener cuidado
de observar todas las palabras de esta ley (Dt.17:19).
Confiar solo en Dios
(Deuteronomio 17:17)
Este requisito
tiene que ver con el lugar donde un líder civil pone su confianza y esperanza. ¿Su
confianza está en su capacidad militar? ¿Está su confianza en la fuerza de
otras naciones? O es de los que se dice: ‘¡Ay
de los que descienden a Egipto por ayuda, y confían en caballos; y su esperanza
ponen en carros, porque son muchos, y en jinetes, porque son valientes; y no
miran al Santo de Israel, ni buscan a Jehová!’ (Is, 31:1). Si no confía en Dios, no está calificado.
Fiel
en el matrimonio (Deuteronomio 17:17)
La Biblia es clara que el matrimonio es entre un hombre y una
mujer, ya que los dos van a ser una sola carne, esta definición excluye, varias
esposas, las razón es dada, ‘pues no sea
que su corazón se aparte’.
Libres
del amor al dinero (Deuteronomio 17:17)
Él no debería ser conducido por el amor
hacia las riquezas. Los líderes no deben ser dirigidos por la avaricia y el
amor a las riquezas.
Conclusión
Imagina por un
momento lo que sería ser gobernados por hombres como estos que son entendidos,
conocidos, probados en la capacidad de liderazgo, justos en sus juicios,
imparciales, sin miedo del hombre, capaces, temerosos del verdadero Dios,
sinceros, que odien la codicia, guiados por la Palabra de Dios, confiando en
Dios solamente, fieles en el matrimonio y libres del amor al dinero.
Cuando los
cristianos emiten su voto sobre la base de estos preceptos, están haciendo una
declaración de que ‘la justicia
engrandece a la nación’ (Prov. 14:34). Es demasiado fácil ser conducidos
por el miedo, la fiesta, los medios de
comunicación, tus amigos y líderes espirituales respetados.
Las elecciones
políticas proporcionan a los cristianos la oportunidad de votar como
representantes de Cristo, como los defensores de la verdad y como los que
confían públicamente en la Palabra de Dios. Es una oportunidad especial para la
iglesia, para andar en su papel, como ‘columna
y baluarte de la verdad’.
¿Qué
principios pueden guiarle mientras se prepara para votar próximamente? ¿Cómo va
a tomar su decisión? ¿Cómo evaluar a los candidatos?
Así que antes
de consultar todas las otras guía de votación, asegúrese que ha priorizado
correctamente las Palabras de la Escritura por encima de la otras voces, de cómo
se analizan los candidatos. Después de todo, la Biblia es la mejor guía de
votación que usted tendrá siempre.
Scott Brown
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